Lo peor de las televisiones es que siempre tienen que negociar el contrato. Cuando las negociaciones del contrato no llegan a buen puerto lo único que obtenemos es una operación frustrada en la que no se llega a ningún sitio, por lo que al final ni la televisión emite lo que quería emitir ni el programa en cuestión -o evento- recibe el dinero acordado.
En este sentido, podemos decir que ambas partes son perdedoras, pero hay un tercer implicado que también pierde algo: el espectador. Sin duda, el espectador es el que más pierde, ya que es el que no consigue ver lo que quería ver. …Seguir leyendo esta entrada.




Comentarios recientes